EL SUEÑO Y LA CONDUCCIÓN DE VEHÍCULOS
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El sueño es una función básica de los seres vivos. Tiene su máximo desarrollo en los mamíferos, y en el hombre como tal, su estructura compleja interviene en funciones tales como la memoria, el aprendizaje y el desarrollo de las conductas sociales. Una persona duerme un tercio de su vida, es decir, considerando la expectativa de vida actual, unos 22 años. Este dato por si solo jerarquiza al sueño como una función biológica esencial. Dormir, como muchos otros aspectos de la actividad humana, ha cambiado irrevocablemente desde la revolución industrial y el advenimiento de la luz eléctrica. Nuestras sociedades tuvieron que hacer una transición drástica de economías agrarias a industriales, basadas en turnos y horarios. Sin duda, estos cambios dramáticos involucraron al sueño y paradójicamente, en los últimos 100 años el avance de la tecnología supuso una irónica reducción de la necesidad de dormir. La deprivación crónica de sueño, es decir, la insuficiencia de sueño, es el motivo más común en la cultura occidental de cansancio crónico durante el día, y es una reconocida causa de incremento de las posibilidades de sufrir accidentes de trabajo o en la vía pública. Esta situación es frecuente de ver en las consultas relacionadas con el sueño. El problema es que solo el 1% de los afectados busca ayuda por estos síntomas, que aumentan el riesgo de accidentes laborales y de tránsito, así como también disminuyen el rendimiento escolar de los niños y adolescentes. En nuestro país mueren 3124 personas por año directamente vinculadas a los accidentes de tránsito, y aproximadamente 56.669 resultan heridas o lesionadas (INDEC). Comprender los factores causantes de los llamados “accidentes” equivale a dar un gran paso en la prevención y el control de las lesiones. Los accidentes no son parte inevitable de la vida de las comunidades ni de las personas, por lo que resulta fundamental entender sus causas. El término “accidente” de tránsito está muy arraigado en el ámbito popular, también en la construcción del concepto social respecto de los mecanismos que conducen a la ocurrencia de hechos traumáticos. Resultados de una investigación llevada a cabo sobre el uso del término “accidente” y de las consecuencias que dicho uso acarrea, surge la necesidad de su reemplazo, dado que, además de no estar denominando correctamente al hecho en sí, indica que resulta muy improbable manejar las variables que definen este término, a saber: el azar, el error y el designio divino. La Comisión Nacional de Programas de Investigación Sanitaria del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación, publicó en el 2006 datos alarmantes basados en estadísticas locales sobre accidentes de tránsito. Ese trabajo comprueba que anualmente se pierden 170.000 años de vida potencial y 87.000 años de vida activa potencial a causa de las muertes ocasionadas por el tránsito. Cuando se analizan las posibles causas que colaboran para que ocurran los accidentes, o factores de riesgo que pudieran haber intervenido, se registra consumo de alcohol en el 48% de los accidentes en los que hubieron víctimas fatales, exceso de velocidad en el 30%, y cruce de semáforo en rojo en el 10%. Respecto de factores ambientales, el pavimento estuvo seco en el 71% de los casos y el 75% de las muertes se produjo en accidentes con condiciones climáticas buenas. Es decir, en todo accidente existen factores “evitables” o “modificables”. La sociedad argentina ha puesto sus ojos en ciertas conductas que suponen un riego inaceptable para accidentes relacionados con vehículos, porque reconoce que el mal descanso y la insuficiencia crónica de sueño colaboran con el fenómeno, tal como sucede con las agendas de trabajo saturadas de los choferes de ómnibus. Pero la verdad es que en menos del 10 % de los accidentes esta involucrado un colectivo, o un camión, y la mayor parte de las estadísticas son engrosadas por peatones, ciclistas, motos y vehículos particulares. Somos pues, una sociedad enferma de sueño que parece ser una necesidad menor y puesta en segundo plano por las presiones laborales y de la rutina diaria. Entonces, ¿cuales son los determinantes de la somnolencia al conducir, y que papel tiene en la ocurrencia de los accidentes? Pero los malos hábitos de sueño no son la única causa de somnolencia al conducir. Datos basados en estudios de población permiten calcular que entre el 5 y 9 % de las personas tienen anormalidades respiratorias mientras están durmiendo. Dentro de estas alteraciones, el llamado Síndrome de Apneas del Sueño representa el 80 % de los casos. Consisten en episodios repetidos de cierre de la garganta al dormir, que al principio se pone en evidencia porque el aire pasa con dificultad y genera ruido, que no es otra cosa que el ronquido. Cuando en trastorno es mayor, se verifica una verdadera obstrucción al paso del aire que se denomina Apnea. Es decir, el individuo quiere respirar pero le es imposible mover aire hacia sus pulmones. Esto determina que su cerebro “interprete” este problema como una crisis de ahogo y cambie su estructura de sueño a un nivel muy superficial con múltiples pequeños “despertares inconcientes” que determinan un descanso de muy mala calidad. ¿La consecuencia?; muy marcada somnolencia durante el día, con sensación de torpeza, lentitud intelectual, dificultad para concentrarse, fatiga del pensamiento, cambios en la memoria y aun peor en la personalidad, que puede volverse irritable o agresiva. Es reconocido que este trastorno sin tratamiento es un grave padecimiento que inhabilita a las personas que lo sufren para realizar tareas de riesgo, como ser la conducción de vehículos. En Europa y Estados Unidos es necesario recibir tratamiento y cumplirlo bajo vigilancia medica para poder obtener el registro. Trabajos a nivel local han puesto en evidencia el problema en la población de camioneros, aunque a ciencia cierta no se conoce su verdadera magnitud en los conductores de vehículos particulares. Las causas mas comunes de consulta de estos individuos son el ronquido, o la “tendencia a quedarse dormido, o cabecear” en diferentes situaciones. Muchas veces es el compañero/a de habitación quien decide pedir ayuda y realizar una consulta médica. El Hospital Británico cuenta con especialistas dedicados al estudio y a la resolución de estos problemas. Dormir bien es una necesidad y un derecho. Si no se entiende así, el individuo, su familia y toda la sociedad pagan el costo de “accidentes” que podrían ser prevenibles.
Dr. Eduardo Borsini
Departamento de sueño. Laboratorio de Función Pulmonar Servicio de Neumonología Hospital Británico de Buenos Aires
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